Indivisibles, estos discos me parecen postres que funcionan como un todo, con leves capas que los sostienen en su magnitud y que no funcionarían en un juego de sencillos y emisoras. Hojaldres musicales. Almojábanas de amor. Sugerentes, sensualmente temáticos sin ser ñoños, valientes y experimentales, cinematográficos en su propia película, paisajísticos sin espectadores fijos e inteligentemente incómodos. Declaraciones de guerra. Ha sido un gran año para discos así.
1. Spoon – They Want My Soul ( Loma Vista Recordings).
Hay escondites con el sonido del pop más refinado. Para una banda con unos guiños tan reconocibles siempre es fácil caer en el cliché, pero eso aquí no sucedió. Se saborea la evolución reveladora de una banda y sus obsesiones.
2. Sharon Van Etten – Are We There (Jagjaguwar).
Difícil sentirse ausente ante el aire que peina este disco. Un poema con las medidas justas de amor, pasión, dolor y melancolía. Conmovedor, sin dulces artificiales.
3. Anna Thorvaldsdottir – Aerial (Deutsche Grammophon).
Es necesario perderse aquí. Simple. Hermoso. Contundente. Es inútil decir mucho más y los adjetivos engordan más que cualquier navidad donde la abuela.
4. Real Estate – Atlas (Domino Records).
No es una falsificación de la sinceridad. Es un paseo sin pretensiones. Una fauna diversa con algunas de las canciones más bellas que ha dado el calambre indie en lo que llevamos de esta década.
5. Meridian Brothers – Salvadora Robot (Soundway Records).
Eblis Álvarez trama algo y te quiere invitar. ¿Sigues creyendo que es una broma? Un disco al que no le quedan grandes las sospechas de la experimentación. Un laboratorio portátil que explora nuestros ritmos más inmediatos.
6. Iceage – Plowing Into the Field of Love (Matador Records).
La transformación de una banda para niños decadentes en músicos capaces de la alquimia más precisa entre el punk, la new wave, la balada más oscura y el elogio a la fealdad pop.
7. East India Youth – Total Strife Forever (Stolen Recordings).
Impredecible. Experimental en sus caminos, pero consistente. Un mapa electrónico de sonidos, postales, salvavidas ante el ruido más común.
8. Ariel Pink – pom pom (4AD).
¿Razones para insistir en Ariel Pink a pesar de Ariel Pink?
9. St. Vincent – St. Vincent (Loma Vista and Republic Records).
Aquí hay muchas preguntas importantes, difíciles de evitar, camufladas en el pop ruidoso, en esas guitarras sensuales, en ese peinado bulloso.
10. Cookies – Music For Touching.
En el conflicto del pop contra el pop, este disco es una declaración de amor y guerra. Canciones que advierten cómo deberían ser los benditos caminos del pop por estos días.
11. Beck – Morning Phase (Capitol).
Un método.
12. Foxes In Fiction – Ontario Gothic (Orchid Tapes).
No es un principio ni un final. Es un álbum de fotografías que requiere de varias visitas para dejarse encantar. Sutil y huérfano, el plan de este disco es confirmar que la nostalgia siempre es un camuflaje torpe.
13. Sun Kil Moon – Benji (Caldo Verde).
11 memorables canciones que relatan historias de despedidas, soledades y tristezas. Con una sonrisa tramposa este disco grita: ¡salgan y vivan!
14. Perfume Genius – Too Bright (Matador).
Un glamour sucio, el hipnotismo del inconformismo pop.Este disco es una precisa cachetada a la modorra del pop pretencioso que se ha tomado tu cabaret más cercano. Provocador sin ser repetitivo.
15. Ben Watt – Hendra (Unmade Road).
Por ejemplo, escuchar este disco un domingo en la tarde. Este disco se enfrenta a los días encendido con honestidad y sin sombras.
16. Anjou – Anjou (Kranky).
Un caleidoscopio de ruidos mínimos, una pista de aterrizaje. Una mirada al sintetizador como protagonista, nunca como apéndice.
17. Los Punsetes – LPIV (Canada Editorial).
Unos Punsetes más engrasados y dinámicos vienen a golpear con un disco notable con un brillante trabajo de guitarras, melodías y letras.
18. El Columpio Asesino – Ballenas muertas en San Sebastián (Mushroom Pillow).
Un viraje hacia el No-Wave y los sintetizadores más abrasivos. Victorioso en su rabia, desafiante y luminoso en sus anzuelos. Este disco transmite desesperanza, algo más que necesario por estos días.
19. Mac DeMarco – Salad Days (Captured Tracks).
Al principio parece una trampa, pero luego de un par de visitas notamos que este disco, habitado por el pop más clásico pero también por el punk con más agallas, es una de las caras más refrescantes que dejó el 2014.
20. La Roux – Trouble In Paradise (Polydor Records).
Hablemos de un pop diseñado para bailar, ardiente en su sofisticación, capaz en sus trucos.
21. Le1f – Hey EP (XL Recordings – Terrible Records).
“Ask a gay question. Here’s a black answer”. Bienvenidos, otra vez.
22. Owen Pallett – In Conflict (Domino Records).
En este episodio el señor Pallet se ha decidido a ampliar su catálogo de arreglos con un ánimo más simple, transparente y sólido. El resultado es un disco en el que el violín y las convulsiones leves son un argumento perfecto para una celebración musical.
23. Angel Olsen – Burn Your Fire For No Witness (Jagjaguwar).
Fuego puro.
24. Glass Animals – Zaba (Wolf Tone).
Parece que ocultos detrás de esos ganchos tan fáciles se pueden trazar capas y capas de instrumentos y voces cristalinas, con color, que signifiquen algo más. Beats glaciales y melodías hipnóticas que no son fáciles de olvidar.
25. Damon Albarn – Everyday Robots (XL Recordings).
No es una broma más, no es el señor Albarn tropezando en lo autorreferencial. Lejos de toda la pedantería que podría cobijarlo (si quisiera), nos ha regalado un disco en el que la melancolía tiene corazón. Un mecanismo, un rompecabezas de canciones que oscilan entre el R&B de ensueño, la inspiración World Music, el Soul más estilizado y el pop más clásico.